La menopausia no tiene por qué cansar a mis piernas

En nuestro blog te explicamos qué relación existe entre el síndrome de piernas cansadas y la menopausia

Montse Parada
Montse Parada
@avogeles


29 julio 2019

Todas sabemos, o por experiencia propia o por lo que nos ha contado otra mujer (madre, hermanas, amigas), que los síntomas más característicos entorno a la menopausia son los famosos “sofocos” o la “labilidad emocional”, donde los cambios hormonales que estamos experimentando nos hacen estar emocionalmente muy sensibles y, en ocasiones, irritables y crispadas. Si bien estos son los problemas más populares, hay otros que no los asociamos tanto a la menopausia y al climaterio pero, sin embargo, tienen una gran relación e inciden de forma notoria en nuestra calidad de vida. Estamos hablando de la predisposición al sobrepeso, al estreñimiento, a las pérdidas de orina, a la sequedad vaginal, al síndrome de piernas cansadas, y a las afectaciones  cardiovasculares de diversa consideración, entre otros. Todos estos cambios están motivados por el cese de la actividad hormonal de los estrógenos, los cuales, además de participar en el ciclo menstrual, también lo hacen en la distribución grasa, el deseo sexual e incluso en el tono muscular de todas las estructuras del organismo.

Todos estos síntomas pueden afectar a nuestra calidad de vida durante la menopausia, e igual que sucede con los sofocos, debemos controlar estos síntomas adquiriendo hábitos de vida saludables. Entender porqué suceden te ayudará a que estos cambios sean mucho más llevaderos y, en algunos casos, prevenir su aparición.

El retorno venoso: piernas cansadas

Hoy vamos a tratar el tema de las piernas cansadas. ¿Te suena el término "insuficiencia venosa crónica”?. Esta dolencia es un problema muy frecuente, y suele ir acompañada de síntomas como calambres, hinchazón, dolor o pesadez de piernas.

De forma fisiológica (lo normal), las venas de las piernas son elásticas y disponen de un sistema de pequeñas válvulas que empujan la sangre hacia el corazón evitando así que ésta retroceda y se quede estancada en los pies.

Cuando las venas pierden su elasticidad, se dilatan comprometiendo el correcto funcionamiento de sus pequeñas válvulas, por lo que el retorno venoso se ve afectado provocando que la sangre se acumule en las piernas. Esta situación favorece aun más la inflamación venosa y, como consecuencia aparece el dolor y la sensación de pesadez. El síndrome de “piernas cansadas”, tiene como principales síntomas:

  • Aparición de varices y arañas vasculares.
  • Dolor, picor, hormigueo y cansancio en las piernas.
  • Calambres musculares.
  • Edemas, principalmente en los tobillos.

En el caso de seguir evolucionando, la insuficiencia venosa crónica puede llegar a ser una realidad. Esta dolencia, además de exacerbar los síntomas de las piernas cansadas, incrementa el riesgo de sufrir lesiones cutáneas en las piernas como consecuencia de la mala circulación (úlceras venosas vasculares).

¿Por qué se pierde la elasticidad de las venas?

Las venas de las piernas tienen unas particularidades con respecto a otras venas del organismo pues, como son las encargadas de asegurar el regreso de la sangre al corazón, deben disponer de sistemas que garanticen el correcto retorno venoso. No hay que olvidar que deben llevar la sangre en contra de la gravedad. Para lograrlo, la pared de estas venas está formada por capas: una de ellas es musculada y al contraerse ayuda a impulsar la sangre hacia arriba, hacia el corazón; por otro lado, en el interior de la vena, y a lo largo de todo su recorrido, hay unas válvulas que ayudan a evitar que la sangre retroceda hacia los pies.

Piernas cansadas

Pero, ¿qué relación tiene con el climaterio y la menopausia? Los estrógenos, cuya función principal es activar la función de otras hormonas que participan directamente en la ovulación, también contribuyen a que durante el embarazo la musculatura del útero se relaje (pierda tono) para proteger al embrión/feto. Ahora bien, como los estrógenos no diferencian entre la musculatura del útero o de las presentes en otras estructuras, sucede que todos los órganos donde hay este tipo de musculatura se ralenticen, por ejemplo, la pared de los intestinos (por ello hay mayor predisposición al estreñimiento) o la pared de las venas, entre otros.

Durante el climaterio, y con un pico máximo durante la menopausia, los niveles de estrógenos bajan considerablemente, lo que provoca, entre otros fenómenos, que la musculatura de la pared venosa pierda tono y comprometa el retorno venoso.

Si a ello se le suman factores de riesgo como embarazos previos, estreñimiento crónico, predisposición familiar y hábitos de vida poco saludables, la posibilidad de que las venas pierdan su elasticidad y se deformen comprometiendo el correcto funcionamiento de las válvulas, es muy elevada. Por ello es recomendable seguir unos hábitos de vida saludables específicos para este síntoma.

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