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Tras la Garra del Diablo Africana

Planta medicinal popular en el corazón de Sudáfrica

Los indígenas de Sudáfrica han utilizado la garra del diablo desde tiempos inmemoriales para tratar diversas afecciones. En Europa, su popularidad es atribuible a su enorme éxito en el tratamiento de dolencias reumáticas, especialmente de la osteoartritis. La garra del diablo se cultiva en la “Granja Avontuur”, en Sudáfrica, desde hace más de veinte años, empleándose para ello métodos de cultivo biológicos sostenibles, con condiciones justas para los agricultores locales.

Impresiones de un viaje de investigación en el corazón del desierto del Kalahari – la “verdadera” Sudáfrica.

Dietmar Gust, fotógrafo berlinés, acompañó al equipo de expedición al desierto del Kalahari. Encontrarás sus espectaculares fotografías en la galería de fotos de este artículo.

Un relato apasionante

Oro verde – la demanda de garra del diablo sigue siendo alt

Oro verde – la demanda de garra del diablo sigue siendo alta.

Foto: Dietmar Gust

“Esta es la auténtica Sudáfrica”, nos explica nuestro guía Frans, mientras conduce por un camino de grava. “Antes todas las carreteras eran así”. El coche que va delante nos lanza una nube de polvo, oscureciendo virtualmente una señal de alerta de “cruce de antílopes”. Frans tiene que mantener una distancia prudencial para tener una buena vista de la carretera. Después de una fuerte noche de tormenta, un delicado cielo azul aparece sobre nosotros, con blancas estelas de nubes que parecen haber sido dibujadas con un pincel.

Nuestro grupo está formado por el fotógrafo Dietmar, yo misma y cinco lectores del BdW, que fueron candidatos a participar en este viaje de investigación a Sudáfrica organizado por la revista: Karen, Heike, Gerald, Klaus y Peter.

La nube de polvo frente a nosotros es creada por el vehículo del profesor emérito en botánica Dieter von Willert, quien conoce la ruta hacia la Granja Avontuur en el desierto del Kalahari, a un centenar de kilómetros al sur de la frontera de Botswana. Junto con el agricultor Gert Olivier, empezó un proyecto hace casi 20 años para el cultivo sostenible de esta planta medicinal  empleada en el mundo entero, la garra del diablo (Harpagophytum procumbens). Estamos aquí para comprobar el éxito de este proyecto.

Fuente: El artículo apareció en la Edición 9 2015 de la revista “Bild der Wissenschaft”. El autor es Claudia Christine Wolf. Las fotografias son de Dietmar Gust. Publicado con  permiso del editor.

Los frutos

Las semillas de la garra del diablo

Las semillas de la garra del diablo son esparcidas principalmente por los animales.

Foto: Dietmar Gust

Durante la tarde anterior lo aprendimos todo sobre la planta. Von Willert trajo a nuestro hotel, en la ciudad oasis de Kuruman, una caja con frutos de garra del diablo y nos pidió que separásemos uno a uno. La tarea resultó imposible (los frutos están provistos de sólidos ganchos en forma de garra) y nos dimos cuenta de donde proviene el nombre de la planta. “Con esto se necesita casi un permiso de armas”, dijo riendo Von Willert. “Pero las garras tienen un propósito. Los frutos se pegan al pelo de los animales y así se van dispersando por el camino. Cada fruto contiene alrededor de 80 semillas”.

Una gran demanda

La garra del diablo

Insignificantes y, sin embargo, extremadamente buscados. La garra del diablo crece en las condiciones más adversas y se ha adaptado en consecuencia.

Foto: Dietmar Gust

La garra del diablo crece principalmente en Sudáfrica, Namibia y Botswana, aunque la mayoría de la exportación (90%) es originaria de Namibia. La demanda es alta, especialmente en Europa, con Francia, Italia y Alemania como grandes compradores.

El sur del continente africano es una potencia en cuanto a plantas medicinales se refiere. A parte de la garra del diablo, otras plantas como el pelargonium del cabo, el aloe del cabo y el buchu se usan con fines tradicionales y comerciales.

Sudáfrica posee alrededor de 30.000 plantas con flores, casi un 10% de todas las plantas superiores del mundo. Sin embargo, como indicó Gerhard Prinsloo de la Universidad de Sudáfrica, en un artículo sobre medicina tradicional surafricana publicado en 2013, el poder curativo de la mayoría de las plantas con efectos medicinales no está explotado.

El hábitat inhóspito ha permitido a las plantas desarrollar estrategias sofisticadas de supervivencia en forma de ciertos alcaloides, aminoácidos y otros componentes químicos. Estos “metabolitos secundarios” están formados en células especiales y protegen a la planta, por ejemplo, de los rayos UV, de los depredadores y plagas, y ayudan a los seres humanos a combatir todo tipo de enfermedades.

La garra del diablo: valiosa ayuda para la osteoartritis

“La garra del diablo es particularmente efectiva en afecciones inflamatorias crónicas como el reumatismo”, explica la farmacéutica Karen. En el asiento trasero del vehículo de Frans, Karen comenta con Peter sobre el potencial medicinal de la planta de la familia del sésamo. El farmacéutico y el médico están de acuerdo en que la garra del diablo es un excelente remedio natural. “Sin embargo, se usa muy poco” se lamenta Karen. “Mucha gente desconoce que es un buen sustituto del diclofenaco y el ibuprofeno”, indica. Los efectos secundarios hacen que no sea aconsejado tomar estos medicamentos durante un largo periodo de tiempo.

En casos de osteoartritis (la afección más común de las articulaciones), la garra del diablo puede reducir el dolor hasta en un 60%. Las partes del cuerpo afectadas con más frecuencia son las manos, las rodillas y las caderas, a pesar de que otras articulaciones también pueden verse afectadas. A diferencia de otros medicamentos sintéticos como el diclofenaco, los productos a base de garra del diablo se pueden tomar durante un largo periodo de tiempo.

“Los remedios a base de plantas tienen un efecto más amplio, son más suaves y tienen menos efectos secundarios, y generalmente se toleran mejor” resume Karen. Sin embargo, también se necesita paciencia porque pueden pasar hasta cuatro meses hasta que se sienta el poder curativo de la garra del diablo. También se recomienda prudencia a la hora de comprar estos productos. A pesar de que la efectividad de los medicamentos a base de harpagofito que contienen una alta dosis de extracto dispensados en las farmacias ha sido examinada en estudios clínicos, la situación difiere entre todos los productos de las estanterías de los otros puntos de venta. El harpagofito está disponible en varias formas, desde cápsulas, tés, comprimidos, cremas o en polvo.

Son las diez y media. Después de tres horas de viaje hemos llegado a nuestro destino, un viaje corto según los estándares sudafricanos. La entrada a la granja de Gert Olivier está sembrada de piezas de maquinaria oxidada, como reliquias del pasado. Está claro que este lugar todavía necesita un duro trabajo manual.

Un perro enorme nos da la bienvenida moviendo su cola. “Es mejor no acariciarlo”, nos grita Olivier mientras viene hacia nosotros. “Si no, no os lo vais a sacar de encima”. Pequeñas plantas verdes brotan detrás de la casa. Finalmente vamos a ver la famosa planta medicinal. “He aquí el antiguo campo experimental del profesor”, dice Olivier. “Por aquel entonces llamé a Dieter en la Universidad de Münster, en Alemania, porque necesitaba establecer una segunda valla alrededor del campo del ganado”. Es difícil entender su inglés. El agricultor normalmente habla afrikaans: es un bóer, descendiente de holandeses que se asentaron en Sudáfrica hace casi 400 años. “Dieter ha viajado mucho por Sudáfrica, y después de nuestra llamada de teléfono vino a visitarme a mi granja”. Juntos pensaron en la posibilidad de una fórmula exitosa y se decidieron por cultivar harpagofito. Pero, ¿funcionaría?

Hasta entonces todo el producto que se exportaba era de origen silvestre, simplemente porque es difícil cultivar plantas medicinales. Algunas especies pierden su contenido en principios activos  si son “nutridas” en granjas. Además, la tasa de germinación de las semillas de harpagofito es menor del uno por ciento. Una aventura arriesgada pero con un gran potencial: si el proyecto tenía éxito, el granjero y el profesor matarían varios pájaros de un tiro.

¿Genética o entorno?

El cultivo de harpagofito

El cultivo de harpagofito es una fuente importante de ingresos para los habitantes locales

Foto: Dietmar Gust

“Yo veía en ello un interés científico”, explica von Willert. “Quería cerciorarme de si el contenido de sustancias activas se determinaba de forma genética o si dependía de factores propios del entorno”. El agricultor, por otra parte, perseguía intereses comerciales, pensando en el amplio mercado de las plantas medicinales del desierto. La industria farmacéutica (Salus Haus y Bioforce) se añadió rápidamente a la aventura. Von Willert, Olivier y las compañías farmacéuticas querían trabajar juntas para desarrollar un método de cultivo rentable. “Queríamos también crear una oportunidad de beneficios para la población local”, explica Dieter von Willert, evocando el elemento clave del proyecto.

Tratar con plantas medicinales a menudo tiene dos vertientes. Por un lado, es muy importante porque mucha gente local se gana la vida con su venta. Por otra parte, es extremadamente injusto porque se paga muy poco por un trabajo duro y no existe ningún organismo de control. Y además, tan pronto un recurso da beneficios, éste es sobreexplotado, lo que supone también una amenaza para la la garra del diablo. La recolección a menudo se lleva a cabo en una época errónea del año y con demasiada frecuencia. A veces la planta entera es arrancada del suelo lo que significa que no se puede regenerar. Y los hoyos que se crean cuando se excavan las raíces no siempre se rellenan, con lo que se convierten en trampas para animales.

El proyecto “Avontuur Harpago” está dirigido a la protección de la población de harpagofito. Después de todo, algo que es cultivado no será fácilmente erradicado. “Originariamente teníamos planeado dar tierras de cultivo a la población local y enseñarles como debían cultivar la garra del diablo”, comenta von Willert. Actualmente, dos décadas después del apartheid, cuatro quintas partes de la tierra cultivable de Sudáfrica está todavía en manos de la minoría blanca, y aumenta el descontento entre la mayoría de la población indígena.

Antes de saber cómo progresan las cosas, fuimos a dar una vuelta por la granja. Olivier quiere enseñarnos sus cultivos y nosotros queremos “recolectar” harpagofito. “Es un trabajo duro” nos avisa, pero estamos preparados para la acción.

Tubérculos amargos

Los tubérculos

Los ingredientes activos valiosos del harpagofito se encuentran en los tubérculos, órganos de almacenamiento de las raíces secundarias.

Foto: Dietmar Gust

El secreto de la garra del diablo no se encuentra en sus hojas, flores o frutos, sino que se halla bajo tierra en los órganos de almacenamiento de las raíces secundarias. Estos tubérculos contienen harpagósido, una sustancia amarga que, en combinación con otros componentes secundarios de la planta, posee un efecto analgésico, descongestivo y antiinflamatorio. Nadie sabe exactamente cómo funciona este “cocktail vegetal”, pero es sabido que este harpagósido reduce la producción de hormonas tisulares e inhibe las enzimas que destruyen el cartílago. Para que esto ocurra es necesario que el cuerpo absorba una cantidad suficiente de esta sustancia amarga, esto es entre 50 y 100 miligramos diarios.

En cualquier caso, para obtener estos valiosos tubérculos a menudo es necesario ahondar dos metros en el suelo del desierto seco, sudoroso trabajo especialmente a 45ºC. Pero tenemos suerte: nuestro tubérculo no está tan hondo.
Esto no es una casualidad, como sabemos luego. “Las plantas cultivadas de harpagofito no crecen tan profundamente”, nos cuenta von Willert, revelándonos un resultado inicial del proyecto. “También crecen más rápido y forman tubérculos más grandes”. Esto es el resultado del “método de bandas” probado por Olivier. Zonas que han sido limpiadas de vegetación natural y plantadas con harpagofito crecen junto a otras zonas donde se ha mantenido la vegetación local. “Esto protege a la planta de la sequedad y del viento”, nos comenta el agricultor.

Otro hallazgo: el cultivo no reduce el porcentaje del contenido de sustancias activas como se temía originalmente. Igual que con las plantas silvestres, varía entre el uno y el tres por ciento en las plantas cultivadas. “Esto puede pasar incluso dentro de una misma planta”, dice von Willert. “Nos dimos cuenta que el contenido en algunos tubérculos era mayor y en otros menor. Eso era una novedad”. Hasta entonces se había asumido que esto era debido a diferencias por tema geográfico que hacían que el contenido de harpagósidos variara según la región. “Si el contenido varía dentro de una misma planta, esto puede establecerse genéticamente”, expone von Willert. Sin embargo, él tampoco ha sido capaz de identificar ningún factor ambiental que pueda influir en el contenido de sustancia activa.

Un año de investigación en el laboratorio de la Universidad de Münster permitió descubrir la solución a cómo aumentar la tasa extremadamente baja de germinación de las semillas. Biólogos y agricultores sabían desde hace tiempo que el ácido giberélico (una hormona vegetal) estimula el crecimiento de la planta. Una solución 0,05% hace germinar las semillas, pero esto no funciona en el harpagofito.

Von Willert no revelará los secretos de su fórmula. Aquellos que desean cultivar la garra del diablo no se han cruzado en el camino del profesor emérito. “No quiero que el conocimiento caiga en manos erróneas”, nos explica. Entre 2001 y 2003, von Willert aconsejó al gobierno de Namibia sobre los cultivos de la planta medicinal. Dos de estos proyectos tuvieron éxito. Sin embargo, el cultivo a gran escala no se materializó a pesar de que los resultados durante la investigación se habían revelado muy prometedores. ¿Cuáles eran los motivos?

Alguien tiene que ponerse a ello

Cultivando harpagofito en el desierto del Kalahari

Cultivando harpagofito en el desierto del Kalahari

Foto: Dietmar Gust

Después de convertirse en profesor emérito en 2005, von Willert se sumergió en su proyecto educacional y volvió la espalda a la botánica. El proyecto perdió así a uno de sus instigadores. El plan de entregar tierra cultivable a los locales no se materializó. Según von Willert, uno de los empleados gastó todo su sueldo en bebida y otro se peleó con un colega que quería ayudarle a cultivar la garra del diablo. “Se necesita a alguien que se haga cargo de la organización a nivel local, alguien que se ponga a ello”. Después de que von Willert dejase el proyecto, estaba claro que no había nadie que pudiese tomar esta responsabilidad.

Al atardecer, sentados en la terraza frente a la granja de Olivier, llegamos a una sobria conclusión: el cultivo del harpagofito no se había implantado ni en Sudáfrica, ni en Namibia, ni en Botswana y no se habían entregado tierras a la población local. Especialmente esto último nos apenó, porque habíamos esperado que con la concesión de tierras a aquellos que ayudaban a que pudiésemos disfrutar de los productos en las estanterías de nuestras farmacias, se hubiese hecho un poco de justicia.

Poca cosa más pasó ese día en la granja de Olivier. La época de cosecha - cuando hombres y mujeres son reclutados de los pueblos vecinos para desenterrar el valioso tubérculo, cortarlo en finas rodajas y poner a secar al sol - todavía no había empezado debido a un periodo largo de sequía. Ya es de noche. Un día lleno de impresiones contradictorias llega a su fin. Sudáfrica es realmente una  “tierra de contrastes”. Un mar de estrellas reluce sobre nosotros y podemos distinguir las nubes de Magallanes y la Vía Láctea del hemisferio sur, distribuidas por el cielo como un lazo dorado. Olivier nos señala la Cruz del Sur, una  constelación que servía de guía a los navegantes europeos desde el siglo XV: “Si se prolonga el eje mayor cuatro veces y media, se llega al polo sur.”

El agricultor nos preparó camas de campaña en el jardín. Quisimos dormir fuera porque en el interior de la casa hacía demasiado calor. Estuvimos despiertos hasta medianoche, hablando sobre el proyecto “Avontuur Harpago”. Dietmar, el fotógrafo es el primero en darnos las buenas noches. Quiere levantarse temprano para tomar fotos con la luz del amanecer. Yo pienso en el artículo que quiero escribir. ¿Un proyecto que se perderá en las arenas del desierto después de 20 años? La periodista que hay en mi está decepcionada.

El proyecto “Native Plants” (Plantas autóctonas)

De vuelta a Alemania, busco con éxito en internet proyectos actuales sobre el harpagofito: la “Millennium Challenge Corporation” es un grupo americano independiente que lucha contra la pobreza global. Bajo el marco de “Millenium Challenge Account Namibia” ha inyectado 305 millones de dólares para la ayuda al desarrollo de Namibia y también se ha ocupado del harpagofito.

Dave Cole dirige el proyecto “Native Plants” desde hace cinco años, durante los cuales se ha involucrado especialmente con el harpagofito, trabajando para formar asociaciones de productores en Namibia, estableciendo cadenas de proveedores y realizando controles de calidad. Cole, nacido en Sudáfrica, ha publicado recientemente un libro sobre plantas medicinales.

La demanda de harpagofito es estable. Los habitantes más pobres siguen ganándose el pan diario con la recogida y venta de la planta medicinal, pero raramente los hacen en una granja. Los problemas, como el cultivo intenso y la sobreexplotación por parte de la población, son siempre comunes. A pesar que se han introducido normas para la recolección del harpagofito que crece de forma silvestre, a menudo no están sometidas a ningún control ni son tomadas en cuenta.

Sin embargo, el balance global que hace Cole es positivo: “Hemos hecho grandes progresos en términos de gestión de recursos, cosechas sostenibles y tráfico comercial". En 2012 cerca de 2000 recolectores de Namibia se organizaron en 23 grupos como parte del proyecto de Cole, y produjeron 215 toneladas de harpagofito seco. Esto representó casi la mitad de las exportaciones totales del país. La planta medicinal les proporciona una cantidad adicional de ingresos. Cole espera que algún día la población nativa pueda volver a gestionar los recursos de su país.

Eficaz contra la osteoartritis

La garra del diablo africana (Harpagofito procumbens) alivia la osteoartritis y es empleada también en casos de artritis reumatoide, dolor lumbar, problemas digestivos y falta de apetito.

A pesar que el harpagofito ha sido objeto de numerosos estudios médicos, se conoce muy poco cómo actúa esta planta medicinal del desierto. Se sabe que el harpagósido, en combinación con los demás glucósidos iridoides (como los procúmbidos), ejerce su acción terapéutica actuando conjuntamente.

El efecto medicinal de estas sustancias se encuentra en los tubérculos de almacenaje de las raíces. Durante la recolección sólo se desentierran las raíces secundarias; la raíz primaria no debería tocarse ya que es la única manera de que la planta pueda formar nuevos brotes. Los tubérculos son cortados en finas láminas y secados al sol.

Desde Sudáfrica a Alemania

Los miembros de la tribu San, que originariamente vivían como cazadores y recolectores, han utilizado la garra del diablo durante miles de años para bajar la fiebre, tratar abscesos, furúnculos y lesiones de piel, como laxante y para aliviar el dolor. A principios del siglo XX, Gottfried Hubertus Mehnert, el director alemán de la granja Ibenstein en Namibia, se interesó por esta planta gracias a sus contactos con la población nativa. Llevó trozos de planta seca a la Universidad de Jena (Alemania), donde el valor de la planta medicinal fue reconocido en los años 50. En 1962 se empezó la exportación de esta planta medicinal desde Namibia hasta la compañía alemana Erwin Hagen Naturheilmittel GmbH. Actualmente varias compañías comparten este mercado.

Un producto maravilloso que viene del desierto

Los medicamentos a base de plantas son muy versátiles, con un amplio espectro y menos efectos secundarios. He aquí cinco plantas muy conocidas de Sudáfrica comercializadas hoy en día:

El Buchu (Agathosma betulina) contiene un aceite esencial mentolado que se obtiene de las hojas secas por destilación al vapor. Ha sido empleado desde tiempos inmemoriales por la medicina tradicional sudafricana. Los estudios indican que posee efectos antipiréticos, antiespasmódicos, antimicrobianos, diuréticos y propiedades antiinflamatorias. Por su aroma, el Buchu también es demandado por la industria alimenticia y la industria del perfume.

Los aloes del Cabo (Aloe ferox) se exportaron a Europa en 1761 y, actualmente son una de las plantas medicinales más codiciadas del mundo. Son un potente laxante, pero también tienen propiedades antiinflamatorias, antimicrobianas y propiedades antioxidantes. La industria cosmética ha descubierto también la familia del aloe: cada año se utilizan unos diez millones de hojas de estas plantas para la fabricación de cremas y otros productos cosméticos.

El Rooibos (Aspalathus linearis) se vende como té en 37 países. En Sudáfrica, esta bebida elaborada a partir de la planta leguminosa, se dice que asegura una larga vida. Los estudios indican que efectivamente es saludable beber té de Rooibos ya que posee propiedades antioxidantes y ralentizan el proceso en envejecimiento.

El Pelargonium (Perlagonium sidoides) es una variedad de geranio cuyos extractos de raíces se emplean en medicamentos para la bronquitis. Esta planta medicinal se usa en la medicina tradicional sudafricana para el tratamiento de afecciones gastrointestinales.

La Merwilla (Merwilla plumbea) se emplea como planta ornamental pero también ayuda en el alivio del dolor y en el tratamiento de heridas, abscesos y lesiones.

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